Un lustro de diálogo intergeneracional

Todas las mañanas, Luz González se encuentra con Bruno. Ella tiene 89 años, y él no llega a los 3. Podrían ser abuela y nieto, pero no: son usuarios del centro intergeneracional de A Farixa. “Vamos a la clase todos los días a ayudarles a poner los mandilones para que tomen la papilla, y yo siempre le hago carantoñas”, explica González. Los niños de la escuela infantil y los adultos del centro de día comparten espacios comunes y actividades, en las que interactúan y aprenden juntos. “Es una maravilla estar aquí, yo ya llevo varios años”, cuenta González.

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Author: Xiana Cid